Empecemos la casa por la base y no nos lavemos las manos

Mucho hemos escrito –y se ha escrito– sobre la movilidad sostenible. En general, todos estamos de acuerdo que no podemos seguir degradando el planeta con nuestras emisiones, si queremos que el día de mañana tengamos un lugar en el que vivir dignamente. El automóvil de combustión es, sin duda, uno de los elementos más contaminantes de la Tierra, tal y como señalaba el artículo que publicamos hace unas semanas y en el que se cuantificaba en un 70% las emisiones del tráfico rodado. Esto se traduce, sólo en nuestro país, en 25.000 muertes y 38.000 millones de euros anuales.

Una barbaridad, 38.000 millones de euros (más de 6 billones de las antiguas pesetas), que bien podrían destinarse a ayudas para transformar el parque automovilístico de combustión a otro limpio y eléctrico, de cero emisiones. En cambio, el Plan Movea se “conforma” con una dotación de 16,6 millones de euros. Sinceramente, me parece una absurda aberración. Si se sabe que durante el año la alta contaminación nos va a costar 38.000 millones de euros, ¿por qué no se dota el cambio hacia la movilidad sostenible con un presupuesto REAL y no con MIGAJAS? Países menos avanzados, como Estonia, han hecho sus cálculos y las cuentas salen, ¿por qué no nosotros?

Empecemos la casa por la base y no nos lavemos las manos

Hace poco, también, comentábamos en este blog las distintas peticiones que expertos en movilidad sostenible solicitaban para fomentar el vehículo eléctrico. Textualmente, señalaban modificar la figura del gestor de carga, crear un grupo de trabajo público-privado para vehicular las iniciativas y proyectos a favor del desarrollo de la movilidad de cero emisiones, al tiempo que resaltaban la importancia que juegan empresas y medios de comunicación en acercar la movilidad sostenible a los usuarios. O sea, balones fuera, lavémonos las manos y echemos la culpa al mensajero.

Si no, qué explicación tiene que se olvidaban de mencionar mayores inversiones de los fabricantes de automóviles en I+D+i para mejorar la autonomía de los coches eléctricos (los avances producidos durante el último siglo son irrisorios), el empleo e investigación en nuevos materiales que aumenten la duración de las baterías, como el grafeno; la colaboración de las universidades en esta tarea y las subvenciones a empresas que trabajan en ello, para evitar, por un lado, la fuga de cerebros (que todos costeamos) y, por otro, que vengan de fuera y absorban nuestra tecnología a cambio de un puñado de euros.

Empecemos la casa por la base y no nos lavemos las manos

Las casas se empiezan por los cimientos, y no por el tejado. El soporte no debe ser el ciudadano, no podemos pedirle que cambie al vehículo eléctrico mientras las empresas dan tímidos pasos. Son ellas, las empresas, las que deben pisar firme, las que nos deben guiar con su ejemplo, y el Estado, para que construya un marco idóneo que haga atractivo el cambio de rumbo, en lugar de tirar cada año 38.000 millones de euros a la basura.

Se habla, y mucho, de la mala infraestructura de recarga, cuando cada farola, cada panel luminoso, cada toma eléctrica… puede convertirse en un punto de recarga, pero es mejor definir qué es el gestor de carga (figura que es de importancia suma para hacer llegar al contribuyente el cambio de mentalidad, ¡¡ja!!), seguir dando largas para quién sabe qué. Aunque todos lo intuimos.

Empecemos la casa por la base y no nos lavemos las manos

Hace un par de días, sin ir más lejos, me acerqué a comprar a una gran superficie. Desde hace tiempo, te cobran las bolsas de la compra, porque el plástico no es ecológico y ensucia el medio ambiente. Sin embargo, por la compra de un paquete de chicles (menos de un euro), sacaron una ristra de papel de más de medio metro. Los árboles que hay talar para abastecer las cajas registradoras, esos no importan. Son como los toros de lidia, se crían para eso. La ecología mal entendida hace mucho más daño que contaminar a raudales, porque la segunda “sólo” perjudica al medio ambiente, mientras que la primera crea, además, una falsa visión en el usuario, una mentira dictada por los intereses.

Empecemos la casa por la base y no nos lavemos las manos

Desde la Administración deben ponerse TODOS los medios (conocidos y desconocidos hasta ahora) y facilitarse, vía subvenciones, ayudas… la permuta hacia la sociedad sostenible, hacia un mundo mejor. Las empresas, a través de sus políticas de Responsabilidad Social Corporativa, son el lazarillo que deben guiar los pasos de la ciudadanía pero, mientras no actúen con firmeza, seguiremos renqueando. Las grandes multinacionales, ya sean químicas y farmacéuticas, de comercio al por mayor e intermediarios de comercio, transporte, almacenamiento y comunicaciones… debería incluir entre sus condiciones de contratación la distribución sostenible (vehículo eléctricos), al menos, para la última milla y predicar con el ejemplo. Pero no sólo ellas, cualquier negocio, sea de la magnitud que sea.

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Un modelo a seguir es Cota20, un taller de reparación que ofrece a sus clientes como vehículo de sustitución el Twizy, de manera que además de probar un vehículo eléctrico, se conciencian de que la autonomía dentro de la ciudad es mucho más amplia de lo que creen, conocen sus virtudes (cero emisiones, aparcamiento gratuita en zonas verdes y azules y acceso a las Áreas de Acceso Restringido, entre otras) y fomentan la duda del usuario de qué coche elegir en el próximo cambio. Esta labor a pie de calle es importantísima. Trasladado al mundo de las grandes empresas, esto puede ser el motor que impulse el cambio hacia un mundo libre de malos humos. ¡Es hora de actuar ya y empujar todos hacia el mismo objetivo!

 

Juan Luis

Licenciado en Ciencias de la Información, siempre he tenido la suerte de escribir sobre aquello que más me gusta, el automóvil y su mundo. Como buscador de palabras que soy, intento poner musicalidad al runrún de los motores para que su lectura sea más amena y divertida.

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